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Trabajar en remoto o sin oficina propia, ¿desde dónde?

El teletrabajo es una modalidad que ya existía antes de 2019, se volvió masivo durante la pandemia y este año está previsto que alcance cotas bastante más bajas, aunque por el momento sigue doblando el porcentaje que tenía tres años atrás y para muchas personas va a seguir siendo conveniente o necesario. Puede realizarse a tiempo completo o siguiendo un modelo híbrido, en que se acude solamente algunos días a una oficina corporativa. Cuando esta persona trabaje a distancia o por su cuenta, sin oficina propia, ¿lo hará en casa? ¿O quizá no? Veamos opciones para trabajadores que vayan a realizar su labor fuera de una oficina corporativa tradicional.


Trabajar desde casa


Tanto para teletrabajar como para profesionales independientes, emprendedores, etc., es ventajosa por una serie de razones: En términos exclusivos de costes, es la versión de oficina más barata que se puede encontrar. Sin tener que pagar cuotas o alquileres, se evitan también los costes y tiempos de desplazamientos, debiendo tener en cuenta los gastos de consumos como electricidad, internet y calefacción. Se puede comenzar la jornada a los pocos minutos de levantarse y vistiendo tan cómodamente como se desee, disfrutando de tranquilidad y concentración si las condiciones de la vivienda lo permiten.


Ahora bien, también puede suponer ciertos inconvenientes: Se necesita disponer de un espacio adecuado para habilitarlo como puesto de trabajo y si se necesita atender a otros profesionales o reunirse físicamente, seguramente no sea el lugar más adecuado. Puede generar sentimientos de soledad, aburrimiento y desmotivación. La estancia en el hogar no permite separar vida laboral y personal. Y en caso de convivir con otras personas, especialmente niños pequeños, tener mascotas, o recibir visitas de familiares y amigos, las interrupciones son más probables. Si se dan estas cuestiones, es normal plantearse un cambio de ubicación que mejore estas condiciones.


Trabajar desde una cafetería


Cafeterías con wi-fi que invitan a trabajar en sus estilosas instalaciones a cambio de, "módicamente", consumir rico café. El salto desde el hogar a esta modalidad puede resultar apetecible al llegar a un entorno diferente, donde se ofrece conexión wi-fi gratuita, en que se ve gente con cierta presencia, se puede disfrutar de café de calidad, la decoración y ambiente resultan atractivos, ...

Pero, pasado un tiempo, pueden aflorar varias desventajas. Que ese enchufe necesario no esté a menudo cerca y la conexión a internet se interrumpa cuando más se necesita. Las sillas son incómodas y la iluminación inadecuada. Para ir al baño se ha de recoger y cargar con las pertenencias. Como sede para visitas profesionales tampoco es buen lugar. Los demás clientes de la cafetería se convierten en distracción y falta privacidad. Y por todo esto se paga el coste diario de los cafés e incluso comida que se pueda consumir, ya que, de no hacerlo, los anfitriones pueden transmitir su malestar. En estos casos se comprende la búsqueda de nuevas alternativas.


Trabajar desde espacios compartidos


El alquiler de una oficina al uso puede no ser asumible para quien trabaja a distancia o es independiente. Existe otra modalidad, el espacio compartido o Coworking, que por un coste diario similar o inferior al café de la cafetería, brinda todo lo necesario para poder trabajar sin preocuparse de necesidades de la instalación, permitiendo centrarse en ejercer la actividad. Incluso el propio café estará seguramente incluido. Pero, ante todo, añade valor a sus usuarios de otra manera muy enriquecedora, pues en estos lugares lo destacado es que se forma una Comunidad, en que la Colaboración y la Cooperación son pilares de la relación entre sus miembros. La diversidad de perfiles profesionales y personales que pueden coincidir en uno de estos espacios da lugar a interacciones con mucho potencial, permiten hacer networking y lograr mayor productividad y mejores resultados que trabajando de forma aislada.


Ciertamente, acudir a este tipo de espacios tiene también sus inconvenientes: Por un lado, puede experimentarse falta de privacidad, pues el entorno es gente de otros negocios, a valorar en función de la necesidad de confidencialidad que se tenga. Por otro, en el coworking pueden presentarse distracciones diferentes de las que se tienen en casa, es importante saber manejarlas. Y por último, requiere desplazamiento al lugar, que, dependiendo de dónde se encuentre, llevará más o menos tiempo. De nuevo se hace necesario sopesar qué compensa más.


Cada modalidad para trabajar en remoto o independientemente tiene sus ventajas e inconvenientes, nos encantaría conocer experiencias trabajando en cada una, ¿te animas a contarnos?



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